La dama de oro es una película que encontré por casualidad buscando algo que ver. No sabía de su existencia y digamos que el título me atrajo.
Trata, en muy pocas palabras, del expolio de los nazis en tiempos de Hitler y de cómo muchos de esos objetos aún no se encuentran de nuevo en manos de sus verdaderos dueños. La historia es buena y la interpretación de Helen Mirren soberbia. Pero, y pese a estar basada en hechos reales, la "suerte" por llamar así del abogado me crispaba un poco... muy del tipo: todo al final acaba saliendo bien.
No obstante, me quedo con la historia de la protagonista y las escenas sobre aquellos duros momentos de los judíos en la Segunda Guerra Mundial.
Mi puntuación sería un 7.
Woman in Gold is a movie that I found by serendipity while I was searching for another film to watch. I didn't know anything about it and let's say I liked the title very much.
The film is about the Nazi's plundering during Hitler's times, and how many of these objects haven't been returned to their owners yet. The plot is great and also is based on a true story. Moreover, Helen Mirren's role is magnificent.But, in other hand, I couldn't believe the great lucky of the attorney in every step of that long trial, more like a movie in which everything ends up happily than a real story.
Doubtlessly, what I liked the most was the story of the main character herself and the hard scenes from Second World War. Very, very touching.
Let's say that this this time, it will be a 7. ( I know I am so terrible scoring...)
domingo, 21 de febrero de 2016
sábado, 20 de febrero de 2016
El becario / The intern
Como últimamente más que leer mucho, veo bastantes películas, me ha parecido interesante abrir un nuevo apartado en el que ir hablando de las novedades y no tan novedades del cine que voy viendo.
Empiezo por esta comedia que vi anoche, El becario.
Sinceramente por ser comedia no me esperaba gran cosa ( no soy muy fan de las comedias), pero quizás la ternura de Robert De Niro interpretando a un abuelo entrañable, o la neurosis de la jefa con la que me sentí identificada, acabaron por engancharme del todo.
Si tuviera que valorarla, seguramente le daría un 6,5 o 7.
Nowadays I am watching more films than reading books, so I've thought that could be a good idea if I open a new section telling you the most recent movies I've watched. I'm gonna start with The intern, from last night.
Honestly I'm not a big fan of comedies but I liked, maybe because of the great role of Robert de Niro or his tenderness, or just because I felt completely identifed with the woman boss and her neurosis.
From zero to ten, I would say that 6,5 or 7.
Empiezo por esta comedia que vi anoche, El becario.
Sinceramente por ser comedia no me esperaba gran cosa ( no soy muy fan de las comedias), pero quizás la ternura de Robert De Niro interpretando a un abuelo entrañable, o la neurosis de la jefa con la que me sentí identificada, acabaron por engancharme del todo.
Si tuviera que valorarla, seguramente le daría un 6,5 o 7.
Nowadays I am watching more films than reading books, so I've thought that could be a good idea if I open a new section telling you the most recent movies I've watched. I'm gonna start with The intern, from last night.
Honestly I'm not a big fan of comedies but I liked, maybe because of the great role of Robert de Niro or his tenderness, or just because I felt completely identifed with the woman boss and her neurosis.
From zero to ten, I would say that 6,5 or 7.
miércoles, 17 de febrero de 2016
Mansfield Park by Jane Austen
He tardado en leerlo más de lo esperado por motivos ajenos al libro en sí.
La verdad es que parece casi una tradición empezar el año leyendo clásicos de Jane Austen en inglés, así que como tengo aún varios libros pendientes de la autora, lo seguiré haciendo.
Mansfield Park no es una de las obras más famosas de la autora, y el comienzo fue bastante lento.
No obstante, a medida que avanza la trama, te van atrapando más sus personajes, en especial la protagonista, Fanny Price.
El final, muy en la línea de la autora. Aunque sin duda Orgullo y Prejuicio es, hasta el momento, mi favorito, Mansfield Park no merece desperdicio para los fans de Jane Austen
I have lasted more than I had previously thought in reading this book, and it was not because of the book itself at all.
I'm getting used to beginning every year reading Jane Austen's classics in English which is not as easy as other books are. I still have more books from her on my agenda, so I will keep doing such a thing in next coming years.
Mansfield Park is not one of the most famous works from Austen, and though the beginnig was pretty slow and tough, as long as the plot moves forward, their characters start to captivate you, specially the main character, Fanny Price.
The very ending is predictable but not bad, it is just something that happens to those who have already read other books from the same author.Doubtlessly for those who love Jane Austen, they should read it. However, if you have never read anything from her yet, I suggest starting with Pride and Prejuice, which is at the moment my favourite.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Búscame
Búscame entre las hojas caducas del mes de octubre. Cuando
ya el rocío de la mañana haya teñido de escarcha el jardín que juntos vimos
nacer. Búscame entre las ramas de aquella higuera, y saborea su fruto prohibido
para mí. Bebe mi aroma ausente en cada una de las noches que ya no pasamos
juntos. Embriágate de ese fresco perfume que a veces me ponía para ir a la
cama. Búscame entre los azules y rojos de ese cuadro de Monet que compramos en
los Chinos por dos duros. Recorre la silueta de esa guitarra española como si
fuera mi contorno. Y en el silencio de este vacío que te traigo, abrázame como
si nunca me fuese a ir, como si jamás me hubiera ido.
¡Qué hermoso sería poder volver a ver el atardecer en tus
ojos con el sonido de las olas golpeando contra las rocas! Cuántas tardes
decoramos nuestras vidas con sueños e ilusiones que plantamos para no verlos
crecer. Qué nostalgia me trae el recordarte cada catorce de febrero que no
celebramos y qué melancolía me asalta al pensar en las noches que no dormimos
abrazados. Todavía pienso en lo destinados que estábamos a vivir juntos ese
sueño que con tanto ahínco buscamos, y cómo de repente, nos encontramos huyendo
de aquella pesadilla que nos sobrevino... qué pena que ya estuviésemos
despiertos y no pudiéramos abrir los ojos para alejarla.
Échame de menos en cada puesta de sol que no presenciamos.
Límpiate las lágrimas que nos provocamos como si tu mano cogiese la mía para
dibujar la forma de tu cara. Mírame desde lejos, mírame sin verme, porque ya no
estoy ahí de la forma que tú querrías y yo también. Cubre mi lado de la cama
con las mantas que tanto te pedía en invierno, y en el duermevela de la letanía
rodéame con tus brazos una vez más, como si tu pudieras envolverme, como si yo
aún sintiera tu abrazo cálido. No llores más, porque el dolor no se irá. Esta
noche, el recuerdo duerme entre los dos.
Búscame en cada aliento de vida, en cada bocanada de aire,
en la espuma del mar y la escarcha del monte. Trata de encontrarme en el vuelo
del pájaro, en la gacela que salta en libertad, en ese niño que aprende a
caminar, en ese anciano que cuida de su familia. Búscame en cada paso que des,
en la mirada tierna de los padres que algún día íbamos a ser. Y cuando sientas
miedo de perderme, me recordarás en la sonrisa del bebé que aprende a conocer
el mundo. En el turista que saca su cámara para inmortalizar un momento etéreo,
etéreo como nosotros. Como tú mientras respiras, como lo solía ser yo también,
aunque a tu lado me sentía perenne. Tú me hacías inmortal.
¡Qué hermoso sería poder abrazarte de nuevo! Poder reírnos
juntos de la vida sentados en un banco mirando al horizonte, soñar despiertos
cómo sería nuestro futuro. Qué placer recuperar el tiempo perdido, las cosas
por hacer, los momentos en el tintero, los deberes del ayer. Y sin embargo, el
tiempo se ha desvanecido entre nosotros, tan rápido, tan incesante que ni
siquiera me di cuenta de cómo te perdía. Qué rápido me alejaba, como no venías,
y yo tampoco regresaba.
Por eso, si alguna vez me echas de menos, búscame en cada
rincón de esta casa con sabor a mar, en cada gota de lluvia por caer o en ese
olor a tierra mojada en pleno mes de agosto. Manda un beso con destino al cielo,
que ya el viento me susurrará que es tuyo, como solía susurrarme que tú eras
mío.
Solo sé, que en cualquier
lugar que me necesites, grita mi nombre, que yo allí estaré.
miércoles, 27 de enero de 2016
Querida futura yo;
No sabía muy bien cómo comenzar esta carta. No sabía ni
siquiera qué fórmula protocolaria debía utilizar; así que al final me he
decantado por algo corriente y que concuerde con todos los estilos.
No sé cómo estarás ahora, puesto que como se suele decir en
esas películas malas de los sábados por la tarde ( estoy segura de que las
siguen echando por la televisión) “ vengo del pasado”. O más bien, para mi
punto de vista me lees desde el futuro. ¿Qué curioso es el tiempo verdad?
Seguro que te siguen volviendo loca los enigmas del tipo viajes en el tiempo y
los husos horarios… tal vez hayan pasado muchos años, pero en el fondo,
seguimos siendo la misma persona. Y hablando del tiempo… por eso precisamente
quería escribirte.
Sé que todos estos años has trabajado mucho por estar donde
estás, por tener lo que tienes, pero seguramente no has descansado lo
suficiente. Seguramente sigues trabajando mientras descansas o durante las
comidas, y eso, Laura, no está bien. No niego que tengas que trabajar y
esforzarte en lo que haces. Solo quiero que entiendas que la vida consta de
miles de millones de pequeñas cosas de las que no te das cuenta. Disfruta, déjate
llevar un poco. Recuerda lo bien que te lo pasabas yendo de aventura,
olvidándote el reloj en casa o saliendo sin teléfono a la calle. Recuerda,
Laura, porque esta carta va de eso. De disfrutar.
Vamos a hacer una pequeña prueba ¿vale? Seguramente estés
pensando en dejar de leer esta carta, pero ¿sabes qué? Te conozco como a mí
misma y sé que seguirás leyendo hasta el final porque odias no terminar las
cosas. Y precisamente porque te conozco tan bien, sé que accederás a jugar a
este pequeño juego. Y en caso negativo, puesto que yo, soy también tú. Te
ordeno a hacerlo.
Pues bien, el juego es muy sencillo. Voy a realizarte una
serie de preguntas. Nada personal, ni cosas extrañas. Si eres capaz de
contestarme a todas las preguntas, te dejaré en paz. Si contestas a la mitad o
más, habrá una consecuencia que escribiré al final. Si, por desgracia, no eres
capaz de contestarme de forma positiva ni siquiera a la mayoría, te diré más
adelante qué ocurrirá. Recuerda que es un juego, y que las dos somos adultas.
Si estás dispuesta a jugar, debes hacerlo hasta el final, aceptando las
consecuencias de lo que ocurra. ¿estás lista? Allá vamos.
Pregunta número 1: ¿cómo se llaman tus vecinos? ¿acaso sabes
si tienes vecinos?
Pregunta número 2: ¿quién es el alcalde del lugar en el que
vives, qué partido gobierna en ese país?
Estas
dos preguntas son para romper el hielo y saber si sabes qué está ocurriendo a
tu alrededor.
Pregunta número 3: ¿dónde viven tus amigos más cercanos y
qué puestos de trabajo ocupan?
Pregunta número 4: ¿cuántas veces has ido a tomar algo con
amigos o al cine en los dos últimos meses?
Pregunta número 5: ¿Hablas con tu familia a diario?
Pregunta número 6: ¿cuántas series, películas y libros has
tachado de las listas en el último mes?
Pregunta número 7: ¿cuántas escapadas en días libres o
fiestas has hecho en el último año?
Pregunta número 8: ¿podrías enumerar al menos cinco hobbies
o tareas que hayas hecho en los últimos tres días al llegar a casa de trabajar?
( y todos sabemos que cocinar, no es un hobby para ti…)
Pregunta número 9: ¿crees que has perdido el tiempo haciendo
este estúpido interrogatorio? Sé de sobra la respuesta, pero espera. Aún queda
una última pregunta.
Pregunta número 10: valora todas las respuestas que has
hecho y piensa. Vuelve un poco la vista atrás.
¿eres realmente feliz?
¿A que no era tan estúpido el juego? Seguramente ahora estés
reflexionando sobre qué has hecho a lo largo de todos estos años, a dónde has
logrado llegar. Pero eso no significa que seas feliz.
Lo primero que tienes que hacer es coger el teléfono o el
ordenador o la tecnología que tengas para hablar con tu familia. Y debes
empezar a hacerlo más a menudo, porque el día que menos lo esperas, te vas a
dar cuenta de que ya no están y que has perdido todo tu tiempo en otras cosas.
Luego, habla con tus amigos, porque ellos van a ser tu apoyo cuando te caigas,
y te sientas triste. Pero también quieren vivir los buenos momentos a tu lado.
No lo olvides, los amigos son la familia que escoges. Ahora, date una vuelta
por tu barrio, saluda a algunas personas, sonríe, no pienses, solo camina,
respira y empápate de lo que tienes a tu alrededor. Vete a una biblioteca o a
un videoclub, léete el primer libro que te atraiga, alquila la película más
absurda y la más triste que encuentres. Y
vuelve a casa.
Coge el teléfono de nuevo y llama a tu jefe. Dile que es tu
último mes trabajando, que necesitas un descanso, que no sabes cuándo volverás.
Y haz las maletas.
Haz las maletas para viajar lejos de ese punto de eterno
retorno en el que vives, cambia de dirección hacia el sur. Al abrigo de las
playas de arena blanca y aguas cristalinas donde poder asomarte para
reencontrarte contigo misma. Con tu paz. Pero sobre todo, viaja al lugar que
necesitas para encontrar al motor que debería impulsar las vidas de todos
nosotros, vuelve a donde necesites para encontrar la felicidad dentro de ti.
Y ese, Laura, es el consejo que te doy desde el pasado.
Porque sé que a veces te cuesta decidirte, que no te gustan las riesgos, y que
la inercia a veces te nubla el camino. No eches de tu camino a las personas que
han decidido acompañarte y viaja con ellas, incluso cuando estás lejos. No te aísles.
Y sonríe como solías hacer antes, cuando esa tú no existía, y sí lo hacía yo, una
joven que no sabía nada de la vida excepto vivirla.
A veces una pequeña parada en el camino, ayuda a coger
impulso hacia delante.
miércoles, 20 de enero de 2016
A ti, amor
Podía verla cada mañana despertarse, con ese pelo revuelto,
su cara de sueño y un sinfín de mantas, sábanas y colchas que la envolvían cada
noche. La veía así, tan natural, tan suya, y un poquito mía, y sonreía. Sus
ojos apenas abiertos, su voz ronca con las primeras palabras del día. Tan guapa
y única como siempre. Qué hermoso es despertarse al lado de la persona que
amas. Qué sensación de placer, de orgullo, de felicidad el poder compartir el
primer momento del día, la complicidad bajo las sábanas y todos los pequeños
detalles que hacen de una rutina la vida perfecta que siempre has querido.
Qué bonito sería poder abrazarte una vez más antes de
dormir. Oler tu pelo con ese aroma tan a ti. Darte un beso de buenas noches y
acurrucarme a tu lado. Despertarme a media noche con medio cuerpo destapado y
el otro medio fuera de la cama porque sin darme cuenta te has apropiado de toda
la cama del mismo modo que sin darme cuenta me robaste también hace tantos años
el corazón. Daría cualquier cosa por volver a enredarnos entre las mantas,
respirando tu aliento en mi boca, celebrando el dulce y suave vaivén de
nuestros cuerpos en contacto. Subir al cielo en un momento, acariciar una nube
de algodón y volver de nuevo, encontrándome con tu dulce mirada clavada en mis
ojos oscuros. Una leve mueca de miedo y placer. Qué bonito haber compartido
juntos cada rincón de nuestra anatomía con temor y rebeldía al mismo tiempo. No
te puedes imaginar qué largas son las noches desde que te fuiste.
Daría lo que fuera por despertar de nuevo junto a ti. Por
volver a verte dormida, con esa cara de niña buena, de tranquilidad y paz que
transmitías al dormir. Tan ajena a tus batallas, tan lejos de tus disgustos y
la pena que a veces no te dejaba dormir. Nunca supe qué soñabas. No te
acordabas o no me lo querías decir para salvaguardar todos esos sueños que te
hacían seguir hacia delante como el motor que da fuerza al coche para avanzar.
Solo sé que me habría gustado hacerte tan feliz como parecías entonces. Que no
lo hice, o no lo sé. Pero la verdad es que desde que no puedo tenerte entre mis
brazos cada noche, la vida se ha vuelto más gris, más triste y más oscura. Me
faltas tú que eras mi luz en cada momento, en los días claros, por ser mi Sol,
y en los días oscuros, al ser refugio. Qué puedo decir. Te echo de menos. Añoro
cada mínimo detalle del que pude darme cuenta a lo largo de todos estos años.
Tus chillidos agudos al estornudar. Tus manos frías en pleno verano. Tus
ronquidos mientras te reías. Tus pisadas en mitad de la noche para no tener
miedo. Incluso las miles de canciones absurdas que cantabas cuando “tenías la
mente en blanco”. Qué no daría por volver a oír cantando y gritando a Whitney
Houston una vez más… pero la vida quiso alejarte de mí. Sin motivos, sin
excusas, sin tiempo.
Una mañana te despertaste,
la noche siguiente ya empecé a dormir sin ti. Un día te levantaste a mi
lado, un día como otro cualquiera y no sabía que iba a ser el último. Tan solo
era un dolor de barriga. Algo que seguramente te había sentado mal la noche
anterior. Y sin embargo, el doctor te mandó ingresar inmediatamente. Tantas
prisas, pensé que te ibas a poner bien. Que te iban a cuidar como yo, mejor
incluso, porque ellos iban a cuidarte de un modo que yo ya no podía. Y sin
embargo, aquella indigestión resultó ser otra cosa. Un malvado ser esparcido
por todo tu pequeño cuerpo. El hígado, los riñones, páncreas y casi hasta los
pulmones. ¿Cómo no nos pudimos dar cuenta, mi amor? ¿Cómo no lo vimos venir? ¿o
llegar, o desarrollarse?
Fui a verte esa noche, te abracé y lloré a tu lado. No de
pena, porque sabía que eras la persona más fuerte que conocía. Lloraba de
felicidad porque estaba a tu lado, porque me sentía afortunado de amarte y ser
amado del mismo modo. Lloraba, ahora puedo confesarlo, de miedo a perderte, a
vivir en un mundo donde no estuvieras, porque tú, cariño, eres el único mundo que
conocía.
Volví a casa a descansar, a llorar de rabia por lo que
estaba pasando. A coger fuerzas. Y cuando regresé al hospital, tú ya no estabas
allí. Te habías ido de noche, sin hacer ruido para no molestar como solías
decir. Odiabas las despedidas… Pero no me dejaste ni siquiera darte un beso
para el camino de los que siempre nos pedíamos cuando teníamos que hacer algún
recado absurdo como ir al baño o coger agua…
Dios, no sabes cómo
duele tu ausencia. Cómo echo de menos
tus ojos de niña inquieta, tus historias sin sentido, tus novelas sobre la
mesita. Todas las veces que protestabas al día por cualquier cosa… pero ¿sabes
qué? Yo te amaba así, tal cual. Y te sigo amando del mismo modo en el que te
recuerdo, tan feliz, aventurera, cobarde, sonriente, luchadora y fuerte. Te amo
porque contigo aprendí a ser mejor. Y te amaré siempre. Porque tú eres el único
mundo que conozco, y aunque tú siempre has querido que sea feliz.
Sin ti, ya no puedo
serlo.
No tanto, como lo era antes porque tú eras mi felicidad.
miércoles, 13 de enero de 2016
¿Y si al final todo era una gran mentira al más puro estilo
de la “Gran estafa americana”? ¿O quizá era una gran verdad categórica como las
de Kan? ¿Qué diferencia una verdad de una gran mentira sin revelar? ¿Quién
decide en el juicio de la vida qué camino sigue cada uno de los razonamientos?
¿ tiene algún sentido todo esto?
Así se pasan la mayoría de los días, en el concierto
armonioso de un millón de preguntas sonando en diferentes intervalos. Un sinfín
de cuestiones que afinan sus repuntes, lanzan su dardo envenenado y crean una
sinfonía única y maravillosa de interrogantes entremezclados, de historias
cruzadas, de recuerdos pasados y futuro con incertidumbre. Preguntas que abren
la puerta a otras nuevas que sin pedir permiso se acomodan en este teatro de
dudas, miedos y porqués.
Y aunque nada parezca tener sentido, entre tanto ruido y
preocupación por hallar alguna respuesta, no nos damos cuenta de que en la
pregunta misma se encuentran muchas veces aquellas que más urgentemente necesitamos. Pero la música… la música a veces
no nos deja escuchar la melodía que susurra al oído esa solución que andabas
buscando. Solo cuando te acostumbras al ruido superficial consigues dejar de
oírlo y comienzas a percibir el resto de sonidos. Un niño que llora unas filas
más atrás, aquel niño que quisiste mecer en tus manos antes de pensar que tal
vez su madre no necesitaba tu ayuda. Una hoja de papel que se cayó al principio
del pasillo donde escribiste el nombre de un antiguo amor del que siempre
quisiste saber qué sentía por ti. Una gota de lluvia en el asiento de al lado,
la gotera que pensaste que podías arreglar pero sin saber cómo hacerlo. Y Un
poco más adelante eres capaz incluso de escuchar un avión despegando, ¿o es un
barco? El eterno viaje que siempre pospones para un momento mejor porque qué no
sabe qué pasará cuando te vayas. El teatro está lleno de tu esencia y ni
siquiera te habías enterado.
Desde ese asiento privilegiado frente a la orquesta oyes el
concierto de tu interior. Y tal vez no sepas mucho de música, ni de la vida,
pero eres capaz de aprender algo nuevo de ti. Que la música que llevas dentro,
aunque dudosamente se aproxima a las composiciones clásicas de los grandes
genios, suena a algo nuevo y único. Suena a ti. Con tus cientos de respuestas y
tus miles de preguntas. Con ese pasado latente en la oscuridad de la sala, con
ese porvenir que brilla frente a ese asiento que ocupas. Esta noche, los
violines, los contrabajos y los clarinetes afinan sus notas sobre la partitura
de notas de tu vida. El compás, sin duda, de dos por cuatro. Dos respuestas por
cada cuatro dudas, nada te define mejor.
Pero cuando se levante el telón, la melodía que habrás
compuesto con cada una de tus decisiones será tu gran obra maestra.
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